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VÍDEOS SANOS

28 de junio de 2012

Cuento: El rey de los árboles

El rey de los árboles

Vera y Marco están muy contentos, la profe les ha dicho que el cuento de hoy, hablará sobre los árboles, y es que los árboles son muy importantes porque nos dan oxígeno, que las personas necesitamos para respirar. Pero hay veces que no los cuidamos, la personas construyen cada vez más casas y plantan menos árboles y Dios se pone triste, porque sabe que sino cuidamos de los árboles, no podremos respirar aire limpito.

Así que la profesora les dice que se sienten, y que esperen atentos, porque les va a explicar lo que sucedió hace mucho, mucho tiempo, en un pueblo sin árboles.

“Hace mucho, mucho tiempo, en un país muy lejano, vivía un rey al que le encantaba la naturaleza, siempre tenía es castillo rodeado de árboles, y era muy feliz.

Cuando se levantaba por la mañana veía los árboles, con los pajaritos en sus nidos, y también los frutos, las manzanas, las peras, las naranjas, los plátanos, todo estaba riquísimo.

Pero en ese reino faltaba algo, la gente.

A la gente no le gustaban los árboles y tampoco la naturaleza, así que el rey, para proteger a sus árboles y a sus amigos los animales había tenido que echarlos de allí.
La gente, se había ido entonces a otro pueblo, donde todo era de color marrón, todo de arena, todo muy triste, a la gente le costaba respirar, y en verano cuando hacía mucho calor, no tenían ni una sola sombra donde meterse debajo.

Pero a la gente no le importaba, mientras no hubiera árboles, podían utilizar todo el espacio para construir casas y más casas.

Eran tan egoístas que no se daban cuenta de que el espacio se les estaba terminando, y que si seguían construyendo así, no podrían casi ni respirar.

Construyeron tantas casas que el sol ya no pudo entrar en esa ciudad, así que toda la ciudad se quedo oscura.

Construyeron tantos pisos altos que las nubes con su lluvia no entraban tampoco y se quedaron los pocos ríos que había sin agua.

Y como los ríos no tenían agua, construyeron sobre ellos más casas, ocupando el resto del terreno.
La luna tampoco pudo entrar por la noche a esa ciudad, todos los edificios eran tan altos, que a la luna la dio miedo salir, por si acaso alguien conseguía alcanzarla.

Los pocos árboles que había se murieron porque no había agua, y así la ciudad era cada vez más y más fea, y la gente cada vez más triste… No podían ir al parque, no tenían parques con los que jugar, y los pocos que había estaban todos estropeados o tan llenos de gente que los niños no podían ni moverse.

Sin embargo, en la otra ciudad, el Rey al que le gustaba la naturaleza estaba cada vez más contento, porque la gente, harta de la ciudad, iba siempre a visitarle, jugaba con sus árboles y los cuidaba.

Poco a poco, la gente se dio cuenta de que no se podía vivir en una ciudad sin árboles, y empezaron a cambiarse de ciudad, viviendo con el rey que amaba la naturaleza, les enseñaba como cuidarla y les dejaba construir pequeñas casitas, pero nunca molestando al sol, ni a la luna, ni a los árboles…

 Así, al rey, Dios le llamó y le nombro, el rey de los árboles, y hoy, todavía, cuando vamos al campo si escuchamos en silencio, oímos que los árboles, cantan para él, moviendo sus ramas”

Y tú, ¿Cuidas de la naturaleza? ¿Te gusta?

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