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VÍDEOS SANOS

19 de junio de 2012

Cuento: El árbol de Navidad

El árbol de Navidad

Vera y Marco están muy nerviosos, ya pronto va a ser Navidad, tienen que ir a comprar un árbol y adornarle, Vera, le ha dicho a Marco que quiere un árbol de verdad, para ponerlo en su jardín. Pero Marco la ha dicho, que es mejor los árboles de mentirijilla, porque su abuelita, una vez le contó un cuento sobre un árbol de verdad, que lo llevan a una casa en Navidad, y el árbol llora y se siente triste.
-    Yo quiero oír ese cuento- dice Vera.
-    Claro- le dice Marco- Se lo llevaré a la profesora para que lo cuente en clase.
Así que, Marco, le ha llevado a la profe el cuento, para que lo lea en clase, la profesora les dice que estén muy atentos, pues en un cuento muy bonito que nos habla de lo triste que se ponen los árboles si los tratamos mal.

“Había una vez en el bosque, un joven árbol, cuyo único deseo era crecer y hacerse grande, como los demás árboles, e iba creciendo año tras año, pero como era muy impaciente, nunca le parecía bastante.
De vez en cuando llegaban al bosque unos hombres con grandes hachas, que cortaban los árboles altos y bonitos, haciéndoles caer al suelo, con un gran ruido.
Ya en el suelo, les cortaban las ramas y les montaban encima de un gran camión.
-    ¿Dónde los llevarán?- Preguntaba el joven arbolito- ¿Qué harán con ellos?
En el bosque nadie sabía responderle, pero a veces, las golondrinas, grandes viajeras que van por todo el mundo, traían noticias de un árbol que había viajado a la ciudad para convertirse en una farola.
-    Ojala yo tuviera esa suerte- pensaba el arbolito- Asó podría ver toda la ciudad y hablar con la gente.
Otros árboles, eran arrancados enteros, con raíces y todo, y cargados en los camiones con mucho cuidado, sin que se estropeara ni una sola rama, y los gorriones, decían, que los volvían a plantar en bonitos salones iluminados y cubiertos de adornos, y que los niños, muy contentos, hacían una fiesta alrededor de ellos.
-    Ojala tuviera yo esa suerte- pensaba el arbolito.
Pero a ninguno de los árboles que deseaban que los llevaran a otros lugares, se le ocurría pensar, que pasaba con los árboles después de que pasaran esas fiestas.
Pasó otro año, y el arbolito se hizo un poco más alto. Llegaron los leñadores a coger los árboles altos y bonitos, pero a él, volvieron a dejarlo en el bosque.
Llegaron otros leñadores, y esta vez, lo eligieron a él. ¡Que contento se puso!
Pero el arbolito no esperaba que le hicieran tanto daño cuando le separaron del suelo, y lloró, y lloró, hasta que se desmayó.
Volvió a despertarse, cuando sintió que lo tocaban y movían por todas partes.
Abrió los ojos, y vio que estaba en una inmensa plaza, junto a otros muchos árboles apoyados contra una pared. Oyó a lo lejos una voz de mujer que decía.
-    Es muy bonito, me lo llevó.
Dos hombres, lo cogieron y lo llevaron a un magnífico salón, donde todo era hermoso y muy valioso. Lo pusieron en un gran tiesto recubierto de tela blanca, y lo adornaron con bolitas rojas, lo regaron y lo cuidaron con mucho cariño, y el joven arbolito, decía todo el tiempo:
-    Que suerte he tenido, me han llevado a un lugar muy importante.
Una mañana, alrededor del arbolito, empezó una gran fiesta. Habían venido los Reyes Magos, y trajeron grandes cajas envueltas en papel de regalo. Los niños y los papás de la casa, corrían alrededor de él, abriendo los paquetes.
El joven arbolito, pensó que jamás olvidaría ese día, aunque eso, solo duro unos minutos, porque, en cuanto los niños abrieron los regalos, se fueron a jugar con ellos, y el arbolito se quedó solo.
Se acordaron de él, días después, los jardineros, que fueron a buscarlo y lo llevaron fuera de la casa, donde lo plantaron junto a una valla.
Allí olvidado, vió a los demás árboles y deseo hacerse grande y bello.
Los pajaritos al verle tan solo, iban a consolarlo y a hacerle compañía de vez en cuando.
El arbolito, les contaba a todos la maravillosa historia de su vida, y lo feliz que había sido en la fiesta de Navidad. Pero los ratoncillos, los pájaros y los demás animales, no se quedaban con él mucho tiempo, por lo que volvía a sentirse solo.
El joven arbolito, empezó a echar de menos su casa, y el bosque, y pensó, que podían haberlo dejado allí, donde se hubiera echo grande y fuerte, y hubiera estado siempre acompañado de amigos.”

-    Ya se- dijo Vera- no debemos comprar árboles de verdad sino vamos a cuidarlos.
-    Muy bien, Vera- le dijo la profesora- porque además, sino les cuidamos se mueren.
-    Pues, le diré a mis papás que quiero un árbol de mentirijilla, así, dejaré que los árboles vivan felices en el bosque.
-    Muy bien Vera, todos los árboles, tienen un lugar donde vivir, Dios los puso en los bosques y los campos, porque allí tienen todo para vivir, y además, los animales disfrutan de ellos, las ardillas saltan en sus ramas, los árboles dan sombra a los demás animales, los pájaros construyen sus nidos sobre ellos.
Por eso, hay que dejar que los árboles vivan en el bosque, y no arrancarlos, porque se ponen tristes.

Y tú ¿Cuidas los árboles?

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