Viajando con las mismas oportunidades


Tania es una niña en silla de ruedas, cuando era pequeña, tuvo, junto a sus papas una accidente de tráfico, y ella al no llevar cinturón, salió despedida por el aíre, lo que la provocó graves lesiones en las piernas. Ahora no tiene movilidad.
Pero eso no ha impedido a Tania seguir con su vida normal.
Esta semana se va de vacaciones con el colegio por primera vez, han quedado en una estación lejos de su casa, por lo que Tania debe coger el tren para poder llegar, su madre la llevaba en coche cuando era más pequeña, pero ahora, Tania ya no necesita constantemente de su ayuda, debe hacerlo ella sola.
Hoy es el primer día que Tania viaja sola, esta un poco nerviosa, ir en silla de ruedas no es fácil, siempre hay miles de obstáculos que superar, bordillos demasiado altos para que ella los baje con su silla, rampas demasiado empinadas para poder subir sin que nadie la empuje, coches que aparcan en los sitios por donde ella puede pasar, calles estrechas por donde no entra la silla, etc.
Pero ese día, va a conseguir superar uno de ellos. A medida que iba acercándose a la estación estaba más nerviosa e impaciente.
Nada más entrar, se encontró el primer obstáculo, las escaleras mecánicas, ella no podía bajar por allí, rápidamente se le acercó un hombre de la estación que la indicó donde se encontraba el ascensor y la acompañó durante todo el recorrido.
El tren llegó en pocos minutos, y el hombre indicó al maquinista, que bajara la rampa para que ella pudiera subir. Tardó varios segundos, pero al final la rampa llegó hasta el suelo, y el hombre la ayudó a entrar.
El segundo obstáculo, eran los asientos, la gente estaba sentada en los lugares reservados para las sillas de ruedas. Tania pensó que tendría que poner los frenos a su silla y esperar no caerse en el trayecto, sin embargo la gente comenzó a levantarse y la dejaron el sitio.
Cuando llego donde se encontraban sus compañeros todo fue mejor, la ayudaron a subir de nuevo al tren y sus amigos y la profesora estuvieron todo el rato pendiente de ella.
Al llegar al hotel, Tania subió sin problemas, antes de hacer la reserva la profesora se había preocupado de que estuviera adaptado para ella, así que tenía una rampa para poder entrar.
-          Menos mal que hay rampas- dijo Tania.

Las vacaciones fueron geniales, se lo paso muy bien y regresó contenta a casa y con ganas de volver a repetir la experiencia.

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